We live in a text mafia, for lack of a better word.
When I asked for a book the other day, I had a conversation or better yet, heard the clerk have the following conversation (he was on the phone, asking someone on the other side of the line for a book I needed) and I can only guess the answers; the rest is up to your imagination:
- Hey...Le plaisir du texte...Bárthes...
Costs XXX (facing me).
I'll take it. That's my answer.
See you kid... (hangs up).
I decided to take the book and come back for it next day. But I was shcoked with what I had just heard at the library.
What had we turned books into? How much had we degraded it?
I felt we had reached the point of speaking about a book as if it were something unnameable, sordid.
"How much you want for it?" "How many do you want?" "I can get it for you tomorrow at 10 am". Books have become a drug for some, to which you can gain access to after a quick deal with a supplier- more than libraries, what we have now are culture retails. We deliver according to consumer tastes, new dosages are given, and evry new drug will be newer, more seductive. Old drugs won't be useful anymore. We want more shine, better effects.
The book that I needed and that will come in early Friday morning will be useful to me until I can pin down what is the next dose I ask for at the retail.
Books are drugs. And what I would like the most is that this dosage wasn't punishable.
We have to return to the bookstore, so I can keep being treated like I'm hooked on something.
lunes, 6 de diciembre de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010
La mafia del texto
Vivimos dentro de una mafia del texto, si se le puede llamar así.
Al preguntar por un libro (es un lugar al que muchos hemos ido, del cual no osaría musitar su nombre para profanarlo en vano), tuve la siguiente conversación, o mejor, oí a mi interlocutor tener la siguiente conversación -estaba al teléfono, y solo puedo dejar en puntos suspensivos las respuestas; el resto lo dejo a la imaginación de los presentes:
- quihubo...Placer del texto...Bártes...
vale XXX (se dirige a mi).
Listo. Esa es mi respuesta.
Listo chino... (ambas partes cuelgan).
Acepté llevar el libro, volver por él al día siguiente. Pero quede muda con lo que acababa de ver en la librería.
¿En qué habiamos convertido al libro? ¿En qué lo habiamos degradado?
Sentí que habiamos llegado al punto de hablar de un libro como quien recibe algo innombrable, sórdido.
"¿A cómo me lo consigue?" "¿Cúantos quiere?" "Se lo tengo para mañana a las diez". El libro se ha vuelto una droga para algunos, a la cual se accede después de un contrato furtivo con un proveedor - más que librerias, lo que tenemos ahora son expendios de cultura. Se entrega según el gusto del consumidor, se provee de nuevas dosis, y cada droga que sea más reciente y seductora, será más novedosa. Ya las drogas blandas de antaño no nos sirven. Queremos más brillo, mejores efectos.
El libro que yo queria, y que me consiguen mañana para mañana al mediodía, me servirá hasta que logre precisar cual será el próximo pase que pida en el expendio.
Ya el libro es una droga. Y lo que más quisiera yo es que esta dosis no tuviera penalización alguna.
Y aun así...
Hay que volver al expendio, a que me sigan tratando como una adicta.
Al preguntar por un libro (es un lugar al que muchos hemos ido, del cual no osaría musitar su nombre para profanarlo en vano), tuve la siguiente conversación, o mejor, oí a mi interlocutor tener la siguiente conversación -estaba al teléfono, y solo puedo dejar en puntos suspensivos las respuestas; el resto lo dejo a la imaginación de los presentes:
- quihubo...Placer del texto...Bártes...
vale XXX (se dirige a mi).
Listo. Esa es mi respuesta.
Listo chino... (ambas partes cuelgan).
Acepté llevar el libro, volver por él al día siguiente. Pero quede muda con lo que acababa de ver en la librería.
¿En qué habiamos convertido al libro? ¿En qué lo habiamos degradado?
Sentí que habiamos llegado al punto de hablar de un libro como quien recibe algo innombrable, sórdido.
"¿A cómo me lo consigue?" "¿Cúantos quiere?" "Se lo tengo para mañana a las diez". El libro se ha vuelto una droga para algunos, a la cual se accede después de un contrato furtivo con un proveedor - más que librerias, lo que tenemos ahora son expendios de cultura. Se entrega según el gusto del consumidor, se provee de nuevas dosis, y cada droga que sea más reciente y seductora, será más novedosa. Ya las drogas blandas de antaño no nos sirven. Queremos más brillo, mejores efectos.
El libro que yo queria, y que me consiguen mañana para mañana al mediodía, me servirá hasta que logre precisar cual será el próximo pase que pida en el expendio.
Ya el libro es una droga. Y lo que más quisiera yo es que esta dosis no tuviera penalización alguna.
Y aun así...
Hay que volver al expendio, a que me sigan tratando como una adicta.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)