sábado, 28 de agosto de 2010

La mafia del texto

Vivimos dentro de una mafia del texto, si se le puede llamar así.

Al preguntar por un libro (es un lugar al que muchos hemos ido, del cual no osaría musitar su nombre para profanarlo en vano), tuve la siguiente conversación, o mejor, oí a mi interlocutor tener la siguiente conversación -estaba al teléfono, y solo puedo dejar en puntos suspensivos las respuestas; el resto lo dejo a la imaginación de los presentes:
- quihubo...Placer del texto...Bártes...
vale XXX (se dirige a mi).
Listo. Esa es mi respuesta.
Listo chino... (ambas partes cuelgan).

Acepté llevar el libro, volver por él al día siguiente. Pero quede muda con lo que acababa de ver en la librería.

¿En qué habiamos convertido al libro? ¿En qué lo habiamos degradado?
Sentí que habiamos llegado al punto de hablar de un libro como quien recibe algo innombrable, sórdido.
"¿A cómo me lo consigue?" "¿Cúantos quiere?" "Se lo tengo para mañana a las diez". El libro se ha vuelto una droga para algunos, a la cual se accede después de un contrato furtivo con un proveedor - más que librerias, lo que tenemos ahora son expendios de cultura. Se entrega según el gusto del consumidor, se provee de nuevas dosis, y cada droga que sea más reciente y seductora, será más novedosa. Ya las drogas blandas de antaño no nos sirven. Queremos más brillo, mejores efectos.
El libro que yo queria, y que me consiguen mañana para mañana al mediodía, me servirá hasta que logre precisar cual será el próximo pase que pida en el expendio.
Ya el libro es una droga. Y lo que más quisiera yo es que esta dosis no tuviera penalización alguna.
Y aun así...
Hay que volver al expendio, a que me sigan tratando como una adicta.

1 comentario: